Pensar y reflexionar para cambiar
Ciudad de México a 08 de septiembre de 2026.- En un escenario marcado por la incertidumbre, las tensiones comerciales y el debilitamiento del multilateralismo, México enfrenta el reto de diversificar sus vínculos económicos y políticos sin renunciar a las relaciones estratégicas construidas durante décadas.
En este contexto, Aspen Institute México y la Universidad Panamericana llevaron a cabo la mesa de análisis “Acuerdo Modernizado entre México y la Unión Europea: Perspectivas y Estrategias”, dedicada a analizar las oportunidades que representa este nuevo marco para el comercio, la inversión, la cooperación y la política exterior mexicana.
Participaron el Emb. Enrique Berruga Filloy, Director General Ejecutivo de Aspen Institute México; la Emb. María Teresa Mercado, Subsecretaria de Relaciones Exteriores de México; Delphine Borione, Embajadora de Francia en México; Alessandro Modiano, Embajador de Italia en México; y Suvi Roponen, representante de la Delegación de la Unión Europea en México.
Enrique Berruga, en su calidad de moderador, destacó que los alcances del acuerdo todavía no son suficientemente conocidos, aún cuando se trata de uno de los instrumentos más completos que México mantiene con un país o región del mundo.
Su modernización adquiere mayor relevancia ante la concentración de aproximadamente 85% del comercio mexicano con Estados Unidos. Para México, diversificar no significa sustituir a sus socios actuales, sino ampliar mercados, alianzas y posibilidades de cooperación.
La Emb. María Teresa Mercado señaló que la renovación ocurre en un momento particularmente relevante para las relaciones entre México y Europa, después de la Cumbre México–Unión Europea celebrada el pasado 22 de mayo.
La relación no descansa únicamente en los vínculos económicos. También se sustenta en principios compartidos alrededor de la democracia, los derechos humanos, la cooperación internacional y el multilateralismo basado en reglas.
Actualmente, la Unión Europea es el tercer socio comercial y el segundo mayor inversionista de México.
En materia comercial, el acuerdo contempla la eliminación de aranceles para prácticamente la totalidad de los bienes intercambiados. Alrededor de 86% de los productos agropecuarios tendrán una desgravación arancelaria inmediata, mientras otro 10% lo hará gradualmente.
También se flexibilizó una parte importante de las reglas de origen, se fortaleció el marco de inversiones y se incorporaron disciplinas relacionadas con servicios, comercio digital, minerales críticos y desarrollo sostenible.
Además, busca incrementar la participación de las pequeñas y medianas empresas e incorpora una declaración conjunta sobre comercio e igualdad de género.
Uno de los elementos de mayor relevancia es la movilización de 5 mil millones de euros en el marco de Global Gateway, destinados a proyectos de energía limpia, movilidad sostenible, redes digitales, industria farmacéutica y economía circular.
Suvi Roponen explicó que Global Gateway forma parte de la estrategia europea para fortalecer el comercio, la cooperación y las inversiones con sus países socios.
En México existen alrededor de 11 mil empresas europeas, que generan aproximadamente cinco millones de empleos, y existe interés en profundizar esta presencia. La Unión Europea trabaja además con instituciones como el Banco Europeo de Inversiones y ha establecido mecanismos de colaboración con Bancomext.
La firma del acuerdo fue un punto de llegada después de años de negociación, pero también el inicio de una nueva etapa: ahora comienza el reto de su implementación.
El embajador Alessandro Modiano destacó el apetito empresarial italiano por incrementar las inversiones en México.
Italia mantiene una economía profundamente vinculada con los mercados internacionales —las exportaciones representan alrededor del 40% de su PIB—, por lo que contar con reglas claras y acceso a nuevos mercados resulta fundamental.
México se ha convertido en un destino estratégico para compañías italianas. Empresas de sectores como energía y manufactura han realizado inversiones relevantes, algunas aprovechando también la posición mexicana como plataforma de acceso al mercado norteamericano.
Modiano subrayó además que la relación debe ir más allá de los negocios. Cambio climático, salud y combate al crimen organizado transnacional son ámbitos donde México y Europa pueden profundizar su cooperación y compartir experiencias.
A ello se suma la cultura como una dimensión fundamental de los vínculos entre ambas regiones.
La embajadora de Francia, Delphine Borione, situó el acuerdo dentro de una discusión más amplia: qué tipo de orden internacional quieren construir México y Europa.
Además de sus beneficios económicos, el instrumento reafirma compromisos compartidos en materia de paz, derechos humanos, desarrollo sostenible, igualdad de género y combate a la delincuencia organizada internacional.
Ante desafíos como la desinformación y la creciente competencia entre las grandes potencias, Borione destacó la importancia de preservar un sistema internacional basado en la cooperación y las reglas, en lugar de avanzar hacia uno donde prevalezca únicamente la fuerza de los países más poderosos.
También resaltó el papel que México puede desempeñar en espacios como las Naciones Unidas y el G20 como una voz en favor de la cooperación y la paz.
Una pregunta atravesó la conversación: ¿cómo debe relacionarse México con Europa cuando Estados Unidos continúa siendo, por amplio margen, su principal socio económico?
México comparte más de tres mil kilómetros de frontera con Estados Unidos, alrededor de 85% de su comercio está relacionado con ese mercado y millones de mexicanos viven en territorio estadounidense. La relación posee, por tanto, características difíciles de comparar con las de Europa o Canadá.
Pero precisamente esa concentración vuelve relevante ampliar alternativas.
Diversificar no significa sustituir. México no tiene que elegir entre América del Norte y Europa. El desafío consiste en construir más relaciones, abrir nuevos mercados y generar mayores márgenes de acción.
Europa enfrenta un proceso similar. Ante las tensiones internacionales, la guerra entre Rusia y Ucrania y los cambios en su relación con Estados Unidos y China, la Unión Europea busca fortalecer su autonomía, competitividad y vínculos con otras regiones.
El Acuerdo Modernizado México–Unión Europea abre una ventana importante, pero sus beneficios no ocurrirán automáticamente.
El proceso de ratificación e implementación deberá acompañarse de políticas públicas, estrategias empresariales, cooperación institucional y una visión de largo plazo capaz de transformar las disposiciones del acuerdo en inversiones, empleos, innovación y oportunidades concretas.
También será necesario profundizar los diálogos sectoriales. Actualmente existen once mecanismos de diálogo y se prevé incorporar uno adicional en materia de salud.
Para sectores como el agropecuario, la acuicultura, las energías limpias, la movilidad, la industria farmacéutica, la economía digital y las pequeñas y medianas empresas, el nuevo marco puede representar oportunidades particularmente relevantes.
Pero quizá la principal conclusión del encuentro trascienda las cifras comerciales.
México y Europa se encuentran ante la posibilidad de redefinir su relación precisamente cuando el mundo está redefiniendo sus reglas.
Frente a un escenario internacional más fragmentado e incierto, construir nuevas alianzas, defender la cooperación, fortalecer el multilateralismo y ampliar las oportunidades económicas deja de ser únicamente una alternativa se convierte en una estrategia y el Acuerdo Modernizado entre México y la Unión Europea puede ser una de las plataformas más importantes para llevarla adelante.








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